Recuerdos de un Discipulo

Sesion 17

Diana en el pechito

Pasaba la primera guardia y Shauden, que había dejado su búho de guardia en la puerta del salón octogonal lo observaba desde detrás de los restos de mueblería, de pronto lo vio aletear nervioso en círculos y dirigirse hacia él. Con su compañero montado en su brazo mostrando significativos indicios de alerta, cruzaron juntos el obstáculo y se dirigieron hacia el otro lado, fue en ese momento cuando observaron que, una figura de porte señorial se dirigía hacia donde se encontraban, sus facciones y ropas se distinguían perfectamente pero su transparencia verdeazulada genero en el druida la evidente tensión provocada por un espectro. Este espectro sobrevoló la pila de cadáveres y se detuvo inmediatamente al observar que Shauden lo miraba atónito.
Shauden se fue acercando poco a poco, paso a paso hacia la figura cuando esta se devolvió sobre su camino y se dirigió nuevamente hacia la puerta trabada con los cadáveres como dándole indicaciones al druida para que lo siguiera
Consiente ya de que el espectro no conformaba una amenaza, aun, siguió la figura y la llamo interrogándola por su nombre, pero no obtuvo más respuesta que gestos para que lo siguiera.
Llego a la barricada de cuerpos y comenzó a hacer fuerza hasta que logro desplazarlos, lo suficiente para poder pasar el con dificultad y así no provocar peligro sobre sus compañeros, detrás de la puerta ya no había peligro, ningún mago ni hechicero que volviera a arrojarle peligrosas bolas de fuego, en cambio se abría un largo pasillo.
A pocos metros se abrían dos puertas a los costados y, sobre la derecha se fue metiendo el espectro, cruzando la solida puerta de madera.
No tardo mucho la curiosidad de Shauden en llevarlo directamente hacia allí, cruzar imprudentemente la puerta para encontrarse, nuevamente, ante un complicado enigma.
Nada, no había nada mas allí que, viejos muebles, estanterías y herramientas de carpintero bien ordenadas; absolutamente todo cubierto por una gruesa capa de polvo, ese lugar no había sido utilizado en cientos de años, no había rastro de lo que debía hacer, buscar o seguir cuando, a través de una pesada estantería ubicada en la pared opuesta a la puerta de entrada vio como la figura volvía a ingresar a la carpintería y le indicaba con ademanes seguros que lo acompañase.
La pesada estantería se encontraba llena de vasijas y recipientes que, con bronca y frustración tomo y arrojo contra la pared buscando grietas o cerraduras, sin éxito. El líquido que se hallaba dentro de las vasijas tenía un olor fuerte, como de algún tipo de combustible, lo prendió fuego, pero tampoco tuvo éxito.
Golpeo tramo a tramo la pared y logro escuchar diferentes sonidos entro los ladrillos que la componían, algunos sonaban a hueco, así fue descubriendo que, a través de esa pared podría abrirse algún tipo de puerta, marco el espacio probablemente hueco y volvió a salir en busca de sus compañeros.
Un fulgurante resplandor de color verde se observaba al final del pasillo, se acerco con cautela para no dejarse ver y descubrió una gran caverna con un enorme lago de algo parecido al acido, desde donde subían gigantescas estalactitas del mismo material y se chocaban contra el techo y goteaban nuevamente sobre la superficie liquida. Un pasillo empedrado y en zigzag cruzaba hacia el otro lado de la caverna. Le llego a los oídos el eco de voces que conversaban, podía saber que provenían de alguna parte del techo pero no podía determinar a ciencia cierta donde se encontraban, retomo su camino hacia el improvisado vivac de la compañía lo más rápido que pudo.
Llegando al campamento decidió no importunar a sus compañeros dado que la posición estaba bien fortificada y necesitaba para sí, un momento de meditación para ordenar sus ideas y emociones. Aguardo que Aiwendil Sulimo se despertase de su estado de contemplación y le comento lo sucedido para no ser solo él el que supiera de ello y estuviera alerta, pero el elfo también se percato que las horas anteriores habían desgastado a todo el grupo, y ambos decidieron esperar a que los demás se recuperasen el aire o que algún peligro apareciese imprevistamente.

Ya con el semblante mejorado, el grupo completo escucho la historia del Druida y siguió sus pasos hasta la pequeña carpintería
Repitieron los intentos para ver si había alguna puerta escondida hasta que Borok golpeo con su nuevo mazo y la antigua pared se desmoronó tras su paso, dejando a la luz un oscuro pasillo lleno de polvo y telarañas; uno a uno fueron ingresando detrás del Bárbaro que lideraba la marcha, preparado para cualquier encuentro fortuito.
El túnel subía y subía en una espiral oscuro hasta que se enderezo apuntando hacia algún lado que Borok ya no podía identificar, con su collar encendido gracias a las artes mágicas de Aiwendil y las luces danzantes convocadas por Dhuck que se adelantaban mejorando aunque sea un poco la lobreguez del pasillo siguieron hasta que el pasillo se dividió en dos.
Continuando por la izquierda llegaron hasta su final, un pequeño espacio donde apenas habría cabido tres personas; desde allí nuevamente apareció el guía fantasmal y les apunto en dirección al suelo, en el centro y colgando del techo al piso había una cadena enganchada a lo que parecía un pesado portón de madera. Allí, clavadas había algunas lanzas, tan viejas como el polvo que cubría absolutamente todo; la cadena cruzaba el techo y llegaba a un mecanismo que permitía levantar el portón.
Shauden pensó y pensó, razono el por qué y el donde, se percato que esa podría ser otra entrada al salón de guardia que se escondía en el techo, le consulto a Grimik y el enano no tardo en responder que se precisaría mucha fuerza y algún tipo de aceite para hacer que ese mecanismo funcionara.
Lubricaron bien los engranajes y la cadena y Borok se dispuso a tirar de ella para que, entre todos, pudieran observar y sorprender a los infames enanos que allí se escondían.
Borok, de un solo tirón levanto el portón y Aiwendil pudo ver la cara de horror de uno de los guerreros grises, unos gritos resonaron a su lado. Ni lerdo ni perezoso lanzo una poderosa bola de fuego al tiempo que el bárbaro dejaba caer el portón.
Una explosión ahogada levanto polvo de las juntas y unos gritos sordos de dolor escapaban desde debajo de ellos.
Nuevamente Borok levanto el portón y tanto Shauden como Balarian apuntaron y arrojaron unas lanzas al enano más grande que se encontraba en el centro, maldiciendo hacia donde ellos se encontraban.
Ya con la portilla bien levantada el bárbaro anticipo otra lanza hacia el grupo de enanos y salto justo en el centro de ellos; lanzo un hachazo directamente en el medio del pecho del gran enano gris que le hizo frente y en un remate giro sobre su sitio y le corto limpiamente la cabeza solo para descubrir que no había nadie más a quien matar, todos los demás habían perecido calcinados por el poder de la bola de fuego del hechicero.
Dhuck, Balarian y Shauden acompañaron a Borok en la sala de guardia, mientras el gnomo revisaba las pertenencias del jefe enano, Shauden rescataba municiones de ballesta, tan valiosas en ese momento; y los guerreros otearon por las ventanas para observar que, desde el techo de la caverna colgaba un pasillo de madera y, al final y justo en la base de la caverna al otro lado del lago una enorme ballesta que se movía para apuntarles a ellos, el mago vestido de rojo azuzaba a otros guerreros para que se apuren y gritando en su idioma gutural maldecía por la cercanía de la compañía.
Solo ese vistazo fue suficiente para que, con voz de alerta, Borok tomara al gnomo y lo arrojara hacia arriba, luego a Shauden y después, pero con mas esfuerzo al pesado paladín. Ultimo subió el, justo a tiempo para que los demás destrabasen la portilla cayendo al tiempo que un furioso ruido de destrucción les indicaba que ese salón en el que habían estado segundos antes había dejado de existir.

Volvieron sobre sus pasos y tomaron el otro brazo de la bifurcación, se percataban que metro a metro iban bajando, hasta que ese pasillo termino abruptamente en una pared sellada, igual por la que habían entrado.
No tan apresurados para entrar nuevamente en combate, Borok, que nuevamente lideraba el movimiento de la compañía, noto que el material con el que estaban unidos los bloques de piedra era relativamente blando, tomo su daga y comenzó a perforar hasta hacer un agujero lo suficientemente grande como para observar que allí, detrás de la pared y apuntando hacia donde se encontraba el puesto de guardia, estaba el grupo de enanos y el mago que habían disparado la balista, gritando y aplaudiendo complacidos por la tarea.
En ese momento las ansias de sangre del bárbaro se encendieron, golpeo fuertemente la pared con su mazo, delante de él salieron disparados los bloques de piedra y desde detrás salió una nueva bola de fuego apuntada por Aiwendil hacia la balista.
Impacto directamente son el arma y algunos de su tripulación generando desconcierto y horror en todo el grupo. Las saetas de las ballestas salieron disparadas hacia los enanos y todas encontraron blancos desprevenidos que gritaban con desesperación.
Shauden lanzo un rayo que impacto directamente en el pecho del mago provocando casi una expresión de asco en el enano gris, con un gesto de mano y como lo había hecho anteriormente, en mago desapareció de la vista del grupo.
La contienda casi acababa, entre flechas y lenguas de fuego los guerreros enanos iban cayendo uno a uno. Fue entonces que un oscuro hoyo se abrió en el techo, y de allí cayo un grupo de muertos vivientes convocados por el mago.
Una luz envolvió a Balarian cuando sus ojos se elevaron buscando la guía de Eironeus y su espada comenzó a zumbar alegre por lo que vendría.
Todos se dispusieron a combatir a la nueva amenaza que se cernía sobre ellos, era un juego de nunca acabar y, si algo sobraba en ese lugar eran cantidad de cuerpos para ser convocados por los malignos deseos de los enanos grises y sus artes nigrománticas.
Dhuck comenzó a alentar a sus compañeros al tiempo que esquivaba los ataques de los cadáveres, se volvió invisible y se aparto del combate directo. Grimik no fue tan afortunado quien quedo paralizado luego del feroz contacto con las garras putrefactas.
Balarian expulsaba a los malignos seres solo con la voluntad imbuida por su Dios; al tiempo que Borok blandía su hacha a diestra y siniestra al tiempo que Shauden y Aiwendil Sulimo acababan con la miserable vida del mago que tantos dolores de cabeza les había dado.
Con un breve momento de calma, Aiwendil reviso detenidamente las pertenencias del mago mientras los demás revisaban el resto de los cuerpos y la explanada donde había sucedido el combate.
Pero, como podía esperarse, la calma no duro el tiempo suficiente para que se acomodaran las ropas, tres puertas que daban salida a la gran caverna del lago se abrieron de pronto, la oscuridad absoluta los esperaba, o se les acercaba……………

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Dhuck

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