Recuerdos de un Discipulo

Sesion 10

“Entre los Dientes de la Bestia”

Luego de las fatídicas palabras el desconcierto cubrió las caras de los compañeros, un sentimiento de amargo e interminable final los abrazaba, como quienes caen a un abismo sin fondo por toda la eternidad, ellos veían que los enemigos no se acababan y, obviamente, no cejarían en su intento de eliminarnos si los veían.
Una luz clara comenzó a llenar toda la sala y poco a poco un circulo brillante se poso sobre el piso de la sala, los corazones de los compañeros se sintieron seguros y regocijados por tal visión desde dentro de la cual se abrió paso Ojela, vestido en su brillante armadura y portando una espada casi cristalina en el brillo de la luz.
Se acerco a Dain con paso firma ante la estupefacta mirada de los demás, ambos se miraron pero no mediaba palabra, parecían entenderse, conocerse de algún otro tiempo y lugar.
Ese momento que pareció eterno fue de solo algunos segundos, luego de lo cual Ojela se coloco al lago del enano y les informo que, al menos por un tiempo los acompañaría en su tarea pero solo un corto tiempo. Los demás no preguntaron nada, por mas que quisieran racionalizar lo que había sucedido, todos tenían la seguridad que aquel nuevo compañero los ayudaría en su cometido y era un enviado directo de los dioses.
Shauden, junto a Ojela y Dain se acercaron hacia la puerta al otro extremo del pasillo, la revisaron con detalle, solo una cerradura marcaba lo que seria la mitad de un sólido portón de piedra sin mensuras ni soportes que indicaran hacia donde se abría.
Con calma Dain coloco una de las llaves de hierro encontradas por Heine en la caja decorada, giro y giro con delicadeza y silencio hasta escuchar el clic clásico de apertura.
Nada se escuchaba del otro lado, pareciera que, o las fuerzas hostiles no los habían oído o ya se habían retirado de aquel lugar. El portón de deslizaba hacia los costados, ingresando en la dura roca de la montaña que le servia de marco, ambas al unísono iban dejando un espacio para que hombres y transportes accedieran a ese nuevo salón.
El Druida no se sentía tan confiado y presuroso busco y hallo un madero que permitiera trabar el desplazamiento de la puerta, dejando solo espacio para una persona caminando de perfil.
Dhuck ya impaciente ingreso en el pasillo y se acerco a Dain preguntando que sucedía. El bravo guerrero, temiendo que su pesada indumentaria llamara la atención del enemigo solicito al gnomo que ingresara y revisara con detalle que sucedía dentro y cuales eran las amenazas.
Con una sonrisa picara Dhuck hizo un pase de manos desapareciendo de la vista de sus compañeros e ingresando en la cámara, paso a paso, sigilosamente para que sus pisadas no fueran oídas, recorrió un amplio salón, tres o cuatro veces mas grande que el anterior, sobre el que se volcaban dos balconadas a los costados de un portón escalonado dorado; a los costados del salón se abrían pequeños recintos, dentro de uno de los cuales se escuchaban gritos y gemidos de dolor, pedidos de clemencia y promesas de sumisión que no eran escuchadas y finalizaban en sordos ruidos de desgarro y aplastamiento.
El primer salón abierto no contenía nada, pero cuando se acerco al segundo comenzó a escuchar guturales sonidos similares a un idioma maldito se gritaban a un lado y otro coronados por risas macabras. Ingreso cubierto en con su hechizo de invisibilidad para encontrar el escenario de la mas horrorosa escena de terror que aquel joven gnomo jamás había presenciado, aun habían victimas vivas que suplicaban de rodillas a un par de ogros de las cavernas, ya capturados en las huestes no muertas de aquellos enanos grises, dos de los cuales se encontraban dirigiendo allí las tareas de eliminación sistemática.
Esos dos enanos eran iguales a los que habían encontrado momentos antes del otro lado del pasillo, uno menor y otro un tanto mayor cubierto de una tunica negra y grabada.
Con sensación de asco y sabiendo que solo no podía hacer nada, continuo su recorrida para ver que había en las balconadas, tanto en una como la otra se podían observar mas enanos, muy menores a los artífices de aquel salón, mas bien parecían meros guardias. Otros dos salones se encontraban cerrados al otro lado del salón, y dentro parecía no escucharse nada, sin prisa pero sin pausa, recorrió el camino que le quedaba y volvió con sus compañeros para contarles.
Balarian monto en furia y quería ir urgente a rescatar a las victimas pero, convencido por sus compañeros se dio cuenta que solo tendría éxito si estaban todos unidos en ese peligroso momento.
Un improvisado y calculado plan se monto al tiempo que se terminaba de abrir el portón de piedra, Shauden vio que del techo se abrían unos agujeros, cruzaron rápidamente dividiéndose en dos grupos, Balarian, Dain, Shauden y Ojela se abrían camino hacia el salón lleno de victimas mientras que Rufilos, Dhuck, Selene y Heine se dirigían hacia el otro lado para eliminar la amenaza de los balcones y darles soporte a los guerreros que avanzaban del otro lado. Szaren y Aiwendil los observaban a distancia segura desde la entrada del salón.
Rufilos, al pasar por una de las puertas cerradas escucho movimientos y gemidos detrás, preparo su arco y quedo cubriéndola para evitar sorpresas en la retaguardia.
Al tiempo que Dhuck se acercaba a gran velocidad hacia el balcón sobre el perfil izquierdo del portón escalonado arrojo dos grenados incendiarios impactando en ambos guardias y alertando a los otros dos que asomaron sus cabezas, justo para que Aiwendil Sulimo, durmiera a uno de ellos.
Ya quedaban menos pero la amenaza continuaba, el ruido de combate alerto a los enanos dentro del salón.
Heine arrojo otro grenado incendiario a los guardias del balcón izquierdo a la vez que la concentración de Dhuck se desvanecía y no podía dormir al otro guardia sobre el balcón derecho, quien recibió un certero disparo en el ojo por parte del hechicero que se encontraba a medio salón observando cada detalle.
Ojela fue el primero en llegar a la puerta del segundo salón, seguido por Dain y Balarian, solo para hallarse frente a frente con uno de los ogros, mas bien una inmensa masa de carne putrefacta llena de hoyos, cubierto de hongos y gusanos que se movían en su interior, una imanen digna de repulsión.
Un hechizo de fuego lanzo Shauden sobre los ogros pero solo una pequeña chispa salio de los dedos del Druida, el cansancio se hacia sentir en todos al mismo tiempo, parecía que no iba a ser un final feliz, ni para las victimas detrás de la puerta ni para ellos.
Sucedió entonces que, entre Balarian, Ojela, Dain y Shauden, sonó una gran explosión de sonido que aturdió momentáneamente los sentidos, dándoles solo la oportunidad de moverse y protegerse del ataque del ogro.
Otra inmensa masa de carne putrefacta de lo que había sido también otro Ogro de las cavernas atravesó la puerta a empujones y se sumo al combate de su compañero.
El primer ogro blandía una enorme espada, más grande incluso que un mandoble de dos manos y lo lanzaba hacia un lado y otro sin mayores éxitos, Dain soportaba estoicamente sus embates mientras Shauden tomaba de sus ropas un nuevo grenado arrojándoselo directamente a la cara.
No surtía efecto, los golpes proporcionados a este inmutable enemigo sin conciencia pasaban sin mayor daño. Ya enojado Ojela miro al cielo y exclamo una oración santa que habría ahuyentado a cualquier enemigo de esa calaña, pero la cercanía de su amo pudo mas y ambos ogros se quedaron impávidos ante la mirada extasiada del clérigo.
Desde el otro extremo del salón Dhuck comenzó a entonar una balada guerrera, un cuento de grandes héroes de antaño que lleno los corazones del grupo con esperanza y coraje para alcanzar el éxito en ese encuentro.
Aiwendil desde el centro del salón, Heine en otro extremo, Selene con su arco, todos estaban tratando de eliminar, o al menos distraer, la amenaza que aun creaba la presencia de aquellos guardias.
Ya la cruza de golpes entre los ogros, Balarian, Dain, Shauden y Ojela se había tornado casi en un nudo, demasiado cerca estaban y poco espacio había para combatir, algo que resultaba mas beneficioso para la compañía que para los enormes No Muertos.
Un resplandor surgió de la oscuridad del salón que Ojela logro observar con el rabillo del ojo, un rayo rojo brillante atravesó el combate sin tocar a nadie, así se presento el señor de la sala, con un brillante rayo solar saliendo de sus manos y lanzándose detrás de el y saltando por sobre los ogros directamente hacia el enviado de Moradin.
El combate se hacia lento y extendido, tanto los golpes del paladín como del enano eran pobres y solo generaban cortes en ambas mazas putrefactas que solo habrían paso a viseras y bichos.
En un vuelco del combate Balarian, lanzo una potente estocada directamente al cuello del primer enemigo, desprendiendo de cuajo su cabeza, y dejando solo a su compañero absolutamente rodeado de héroes deseosos de venganza.
Ojela esquivo un golpe de martillo del Señor enano a la vez que sus músculos se tornaron de color rojo, sus ojos brillaron y su nariz despidió un fuerte bufido, el clérigo se preparaba a darla una lección a ese infame enano gris con aires de clérigo malvado.
Animados por la caída del primer ogro y con la intención de liberar espacio para dar el golpe final, Heine, Szaren y Selene lanzaron sus dardos contra el enorme enemigo que aun quedaba en pie, mientras Aiwendil, Dhuck y Rufilos se encargaban de dormir y eliminar la ultima resistencia de los guardias.
El tiempo parecía detenerse, los golpes de los miembros mas poderosos volvían a caer en el sinsentido y, mientras la mano del enano gris se convertía en un oscuro agujero intemporal, Ojela veía como la muerte se le acercaba, solo su agilidad y concentración logro que ese toque mortal no acorte la misión que Moradin lo había enviado a realizar.
El pomo del hacha del ogro golpeo ferozmente el pecho de la armadura, Balarian cayo al piso escupiendo sangre al ritmo que Szaren, que había observado pacientemente y alertado por el poder de ese Señor Enano, lanzo desde un pergamino cuatro poderosas bolas de fuego que impactaron de lleno en la espalda del ogro y traspasaron su débil piel, dejando donde antes estaba su cuerpo, solo un espacio vacío.
Libres al fin de esa carga, los guerreros rodearon al enano y comenzaron, entre todos a debilitar sus últimas defensas.
Dhuck ya no tenia muchas mas tareas que realizar, las amenazas estaban reducidas y no podía saltar a los balcones, así que tomo la varita curadora que había portado desde hacia solo un par de días y comenzó con la asistencia a los guerreros, de los cuales Balarian era el mas complicado.
Aiwendil, utilizando sus botas mágicas salto sobre la balconada de la izquierda y elimino con su filosa daga a los dos guardias, Heine salto desde los escalones y se trepo al balcón de la derecho donde clavo un dardo en la frente del guardia que aun quedaba vivo, pero dormido. allí encontró una caja de mecanismos que comenzó a observar con detenimiento.
Rodeado por enemigos ansiosos por ponerle fin a su vida, el Señor enano no tuvo oportunidad más que para un último suspiro mientras Ojela clavaba su espada en el vientre y Rufilos lanzaba un dardo desde el otro lado atravesando su cráneo gris.
Cayo la ultima resistencia, la ultima amenaza para la indefensa gente que allí se encontraba pero, cuando Selene se interno en la sala solo vio, con horror y asco, cadáveres y cuerpos desmembrados.
Balarian se desprendía la armadura, los golpes recibidos le habían dejado varios cortes y moretones y, tal vez, alguna costilla quebrada, nada que no hubiera sufrido antes, pero junto a el ya se encontraba Ojela y Dhuck curando al paladín para los próximos encuentros.
Dain, avergonzado en parte por su herencia, por aquellos enanos, herederos de la misma sangre que corría por sus venas se recostó sobre una pared afligido y triste, mientras los demás compañeros se dedicaban a revisar las diferentes salas, Szaren encontraba nuevas provisiones en el primer salón y Balrog, el perro de Rufilos gruñía intranquilo aquella puerta que Rufilos había guardado durante todo el combate, gemidos y ruidos sordos aun se escuchaban detrás.
Nunca se ha escuchado que un elfo falte a la seriedad o sea demasiado atrevido para su conveniencia pero, cuando Heine, un aventurero que poseía la confianza del duro enano Dain, activo los mecanismos de la caja sobre el balcón, y vieron como cuatro gruesos barrotes cerraron la puerta por donde habían llegado, todos dudaron acerca de si era conveniente y seguro tener cerca a un aventurero que se manejaba mas como un ladrón inexperto.
La cleriga y curadora Selene se dedicaba a revisar el lugar de la terrible matanza, no podía creer que todo eso hubiera sucedido y que, en esos poco minutos toda la gente que el bardo había dicho ver viva se encontraran junto a los dioses; un gemido y movimiento de trozos la alerto y preparo su arma, pero de debajo de los cadáveres apareció un sobreviviente, un hombrecillo similar en raza a los enanos pero de mejor semblante, bañado en sangre se acerco a Selene pidiendo ayuda.
Una vez un poco recuperado, comido y relativamente curado por la cleriga, Grimik, que así se llamaba el enano, comenzó a contar su historia, historia de desgracia y rebelión, de épocas doradas y el advenimiento de la oscuridad y la muerte caminante, de la corrupción de sus dioses y lideres y el deseo de una vida mejor que dejo, como resultado, la destrucción de toda su raza.

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Dhuck

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