Recuerdos de un Discipulo

Sesion 11

The Enemy Within

Mientras Szaren revisaba la primera sala, Selene curaba al desgarbado enano victima de la crueldad de sus pares malignos, Balarian, Aiwendil y otros se dedicaban a revisar los restos de artefactos y objetos que se encontraban en aquel lugar sombrío, con olor a sangre seca donde se hallaban los cadáveres.
Revisaron también a los enanos grises y sus bestias falderas y fue así que Balarian encontró, debajo del ropaje purpúreo de uno de ellos una sucia y mal mantenida, pero magnifica armadura que le quedaba como si hubiera sido hecha para el mismo.
Aiwendil, exultante de alegría, una alegría que no podía disimular antes los demás, hallo varios pergaminos inscriptos en palabras que, al principio le eran confusos, pero al aclarar sus pensamientos encontró nuevos pergaminos malignos capaces de levantar a los muertos de sus tumbas, hechizos de dominación y dolor.
Shauden se aparto de la escena y acercándose a Selene, la escucho conversar con Grimik, muchas palabras decía el enano en su propio idioma, lastimeramente y de odio hacia sus recientemente captores, pero entre insulto e insulto les contó como había llegado allí.
En tiempos lejanos los enanos grises vivían en otras tierras, más allá de las montañas, pero hubo un cambio en sus líderes y algunos de ellos se convirtieron al culto del violento Dios Duerra y no al que ancestralmente adoraban, Ladubern. Eso llevo, a aquellos seguidores de Duerra a dominar y esclavizar a su propio pueblo, impulsados por un ansia de terror, dominio y sangre, esclavizaron a su propia gente y la llevaron, cavando y cavando cada vez mas profundo hacia esa montaña adonde ahora se encontraban.
Muchos amigos y familiares de Grimik habían muerto en el trayecto y en las tareas impuestas por sus amos y ahora, su mujer y su hija se encontraban lejos de el, en algún lugar en el interior de las catacumbas; Grimik se hecho a llorar de rabia e impotencia y ofreció a sus, ahora eventuales compañeros, sus servicios como guía para llegar al fondo y rescatar a su familia.
Grimik sabia que sus congeneres tenían habilidades pero fue recién luego de que el grupo acepto ayudarlo en su tarea de rescate que les mostró como, solo con un pensamiento, la raza de los enanos grises podía hacerse invisible a la vista. Oscuros pensamientos cruzaron las sienes de quienes lo escucharon, no solo se encontraban atrapados allí, en el corazón de la montaña, rodeados de enemigos y una maldad literalmente palpable, sino que ahora tendrían también la dificultad de no saber de donde vendría el golpe traicionero, la oscuridad, sumada a la habilidad de los enanos, haría de cualquier combate una tarea titánica.

Cansado, mordido, raspado y golpeado apareció por la puerta de piedra Borok, uno de los compañeros que había decidido retirarse al pueblo hacia unos días atrás pero, el remordimiento lo había hecho ingresar nuevamente en aquel agujero oscuro, siguiendo las huellas y evitando por fortuna, las trampas del camino, llego hasta ellos. Cruzo de golpe la puerta y una saeta mal dirigida en la oscuridad le paso raspando.
Con voz de alto la compañía detuvo a la sombra que se acercaba que respondió claramente “soy Borok, por Tutatis no disparen”. Señales de alegría cundieron entre los compañeros al ver que alguien más había llegado y que, la ruta por donde habían ingresado estaba aun abierta.
En la puerta de la sala que se encontraba custodiando Balrog y Rufilos ya no se escuchaban ruidos, pero solo para salvaguardar sus espaldas Balarian se concentro y dirigió su pensamiento por detrás de la puerta de madera, así noto que dentro se encontraban seis auras, definitivamente malignas hacia todo y todos, sin conciencia ni control.
Las ansias de combate del guerrero lo empujaron hacia adelante y, de un hachazo limpio destrozo la parte superior de la puerta.
Brazos salían hacia afuera, cráneos descompuestos masticaban el aire tratando de alcanzar a sus visitantes, pero gracias a los certeros mandobles de hacha de Borok, los hábiles y sutiles cortes de Shauden y la habilidad técnica y poder creciente de la espada de Balarian, uno a uno fueron cayendo desarmados en el piso dentro de aquella jaula de madera.
Finalizada la revisión de la tercera sala Dhuck se acerco a la ultima, entre golpes y patadas se canso de intentar abrirla cuando Aiwendil Sulimo, mas rápido que su compañero gnomo, solo giro la manilla, abriéndola libremente, nada pudo mas ofuscar al pequeñazo que ese suceso, pateando por ultima vez la puerta para abrirla del todo y encontrar que, allí dentro, solo viejas telas y mugre había.

Aiwendil dejo a Dhuck con su bronca y se acerco al gran enorme portón de piedra que cerraba su paso hacia el corazón de la montaña y quizás su ultimo destino.
Observo el mecanismo en el costado izquierdo y noto que no había cerradura ni manijas para activar, pero si un circulo grabado en la piedra, inscripta con letras ininteligibles para el. Pero recordó entonces que, entre sus posesiones se encontraba un artefacto muy similar a esta figura, ese artefacto que habían robado de la panadería de Otto Tallagern en Hilltop.
Lo saco de su morral y con delicadeza casi reverencial lo desenvolvió del lienzo donde lo había envuelto. Lo coloco sobre la marca de la pared y ajustaba perfectamente, el aro brillo y el portón comenzó a abrirse lenta y pesadamente dejando salir un aire pesado desde la oscuridad que lo llenaba.
Una risa enloquecida se oyó desde las profundidades seguidas de gritos de una mujer, sin mediar conversación todos se pusieron en guardia y comenzaron a ingresar. Dhuck lanzo un sortilegio para iluminar el interior del lugar antes de encontrarse con los problemas.
Observaron que, a algunos metros de donde se encontraban un bulto colgaba del techo y otro se movía debajo de el, el gnomo se camino sigilosamente hacia adelante para observar mejor, encontró una enorme rata de ojos rojos que se encontraba devorando los restos de un enano torturado que habían dejado colgando con cadenas del techo; Dhuck, dado su conocimiento de las criaturas de la profundidad intento ponerse en contacto con la rata, pero esta salio disparada hacia una sala que se encontraba en el costado izquierdo del pasillo por donde marchaban, a su derecha se abría otro pasillo, desde donde se escuchaban mas claramente los gritos y llantos de una mujer apagados por momentos por las risas de dos individuos, golpes y objetos arrojados.
Shauden, Borok y Aiwendil se acercaron a ese lugar ingresando lo más silenciosamente posible para conservar la sorpresa si era preciso. Vieron con lastima a una doncella elfica tendida en el piso, herida y con la ropa rota mientras dos enanos grises se divertían golpeándola y manoseándola.
Se arrojaron sobre ellos con furia vengativa pero cuando lograron rodear a los malvados, en un abrir y cerrar de ojos ambos desaparecieron; Borok y Shauden golpearon al aire sin darle a nadie absolutamente, pero la fortuna acompaño la flecha de Aiwendil que impacto de lleno en el enano gris aparentemente mas anciano, un fornido enano que blandía hábilmente una severa hacha de combate.
Con un corte definitivo de su cimitarra, Shauden dividio al sorprendido enano en dos, mientras Borok seguía moviendo el aire con su empuñadura, el segundo enano no aparecía por ningún lado y la situación se volvía peligrosa.
Desde la puerta, y para evitar la fuga del torturador, los compañeros cerraron la puerta, esperando detrás por si se les precisaba.
Un gemido y chillido desde el lugar de donde se encontraba la doncella elfica tirada advirtió a los tres combatientes donde se encontraba su segunda victima, con un duro golpe al aire y por sobre la doncella, Borok detuvo su mandoble a centímetros apenas de la pared, solo para ver como la mancha se esparcía en ella y, del vacío aparecían dos mitades grises de enano cayendo al piso.
Con delicadeza y ternura, ante la imagen de la sorprendida doncella Shauden la tomo de la mano y la ayudo a levantarse, más interesado en su belleza que en cuales fueron los sucesos que la habían traído hasta allí.
Salieron pues al pasillo y en un breve relato pudieron conocer que Sylvanas, que así se llamaba la exploradora, había caído en un lago a muchas leguas de allí y, por algún tipo hechizo había aparecido en esos pasillos donde, desprevenidamente, había sido atrapada y dominada por aquellos dos enanos infames; eso solo había ocurrido instantes atrás pero la tensión e impotencia hizo que parecieran horas de tortura.

Mientras, en el pasillo, Heine Kenenen tomaba un trozo de la carne del enano colgado y seguí a la rata hacia la otra habitación, un pequeño salón con muebles aun enteros y una mesa en el centro desde donde debajo la rata lo miraba con recelo.
Con sus habilidades de explorador intento nuevamente ponerse en contacto con el animal pero, al divisar que, físicamente le faltaban partes y muchos de sus huesos se encontraban expuestos, se alejo rápidamente, Selene, al tiempo que su compañero escapaba de un zarpaso de la bestia arrojo una flecha sobre ella acertando entre los ojos enfureciéndola.
La escaramuza termino con la rata muerta a manos del paladín, un tanto asqueado y observando inquieto como, desde unos restos arrumbados en la esquina del salón, mas ojos se asomaban; salieron de allí con cuidado y trancaron la puerta para evitar sustos.

Las luces de Dhuck se dirigieron mas allá desde donde el enano colgado se encontraba mostrando un gran salón lleno de escombros imposibles de trepar, el camino estaba cortado.
Tanto en una habitación como en la otra observaron que se abría una puerta a un costado y, como no podían ingresar en la habitación infestada de ratas zombies, intentaron continuar por la otra. Esa puerta ingresaba en un pasillo, que se habría a una nueva habitación.
Era una habitación con el piso sospechosamente cubierto de maderas y restos de rocas a un costado lo que impedía el paso de mas de una persona a la vez, Borok tomo uno de los restos de los enanos de la habitación que habían dejado atrás y, para prevenir males arrojo sobre el piso y nada ocurrió pero, cuando él, Shauden y Selene se internaron unas runas se hicieron brillantes en el fondo de la habitación lanzando un rayo azul verdoso sobre ellos. Tanto el druida cono la cleriga lograron esquivarlo pero dio directamente en el pecho del guerrero arrojándolo al piso pesadamente.
Sabiendo que ese tipo de trampas precisaban usualmente algún tiempo para volver a juntar la energía suficiente, todos se apresuraron a pasar y salir de aquella pequeña habitación.
Por medio de pociones y hechizos curativos, el guerrero recupero su compostura conservando como recuerdo solo una pequeña quemadura en el pecho.

Las luces mágicas que Dhuck llevaba consigo aun se adelantaron y, como esperaban, existía otro pasillo frente a la salida donde se encontraban, pero ese pasillo no iba a ninguna habitación sino que terminaba en un pequeño espacio con paredes tapiadas en madera y varios barriles en el fondo con grabados y escrituras de fina hechura, la puerta de ingreso a ese pasillo estaba trabada con dos de esos barriles.
Shauden tomo uno, lo abrió y saboreo exquisitamente cargando luego su cantimplora, licores digno de reyes reposaban allí abandonados a su suerte. Tomo el otro y lo arrojo hacia el fondo, nuevamente no paso nada, pero cuando Borok y Dhuck fueron corriendo hasta el fondo y mientras el gnomo se agarraba de uno como ternero a la vaca, Borok levanto uno mas grande que se encontraba arriba.
Mala suerte llevaba el guerrero con remordimientos a la compañía en peligro; Aiwendil, mas alejado de la acción vio como las paredes de madera se hinchaban y reventaban en miles de astillas dejando a la vista los cuerpos de 8 nuevos zombies, pero no eran cualquier tipo de no muerto, eran diferentes, sus uñas largas supuraban, como sus colmillos un liquido verde y humeante.
En un rápido movimiento Dhuck intento incorporarse y darse a la fuga, pero el más cercano lo retuvo y le dio un mordisco inmovilizándolo inmediatamente.
Los demás cargaron sus arcos y desde la puerta comenzaron a lanzar sus flechas, Balarian y Selene enfocaron sus mentes y comenzaron a rezar implorando a sus dioses que repelan el mal y lo erradiquen del mundo, así, uno a uno, los necrófagos fueron apartándose del combate, dándoles la oportunidad a los dos combatientes encerrados a defenderse; Balarian y Shauden fueron cerrando el circulo, evitando las horribles uñas y asestando poderosos golpes.
Borok se incorporaba al combate, así como Selene y Heine, uno a uno los necrófagos huían y el grupo lo eliminaba, no eran tan fáciles de dominar como los anteriores, y el combate se convirtió en un largo intercambio de golpes.
Dhuck finalmente se recupero se su inmovilidad, pero mareado y asqueado como estaba observo que su atacante aun se encontraba de pie, decidido a conseguir su venganza se deslizo entre las piernas de Balarian y salto al cuello del necrófago casi con un instinto bestial, el martillo se enterró en el cráneo y acompaño a ese cuerpo pútrido hasta el piso, el grito de gloria sorprendió a sus compañeros, algo extraño sucedía al gnomo, que prefería matar que cantar en ese momento.

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Dhuck

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