Recuerdos de un Discipulo

Sesion 12 / 13

La Vuelta al Perro

Dhuck cayo al piso sentado y comenzó a tener calambres junto a un profundo malestar de estomago sin explicación mas que los recientes sucesos, prontamente Selene y Shauden se acercaron a el para socorrerle y entender su problema, aplicaron vendas y medicaciones a las heridas.
Mientras tanto Gorok, el bárbaro, revisaba intrigado aquellos cuerpos, esos no eran zombies normales, sus pieles estaban tostadas y sus ojos rojos, las uñas largas y pardas habían dejado de supurar aquella sustancia pero aun conservaban su filo y eran peligrosas.
Con el gnomo ya de pie se dispusieron a descansar por un rato hasta recuperarse del mal trago que aquellas profundidades representaban, volvieron hacia atrás, al gran salón y sobre las balconadas para evitar sorpresas que, si bien no estaban limpios ni ordenados, los protegían de cualquier emboscada o ataque sorpresa.
Pasadas varias horas las caras de la compañía parecían ya mas recuperadas, sus ojeras conservaban su tamaño pero las sonrisas y esperanzas volvieron a aparecer en los corazones de todos.
No sabían que hora era en el mundo exterior, la oscuridad de las cavernas cambiaron sus ritmos y ya no conocían en que DIA vivían, pero eso solo les servia como incentivo para hallar alguna otra salida de aquel infierno, el camino dejado atrás contenía ya demasiados peligros y puertas cerradas como para arriesgarse en volver los pasos por allí.

Al comenzar nuevamente el camino, internándose en la cueva los miembros del grupo se fueron separando, Dhuck comenzó a conversar con Grimik para conocer su historia y la de su familia, su idioma, creencias y demás, el pequeño gnomo aun se sentía débil para colaborar con los demás en un combate.
Avanzaban si observar rastros de los combates de horas antes, no había restos ni cuerpos de los enanos que habían capturado a Sylvanas y, leves pero visibles, unas huellas que Selene advirtió.
Con ayuda de Borok cruzaron nuevamente el rayo mágico y siguieron las huellas hasta que observaron que cruzaban el portón de piedra que habían dejado la noche anterior, mientras Heine se acercaba a escuchar detrás de aquel portón, Borok pateo fuertemente dándole un fuerte dolor de cabeza al elfo que tuvo, no pocas, palabras desagradables con aquel gigante de pieles.

Borok pateaba y pateaba sin lograr nada y en la mente del gnomo se representaba un viejo cuento de niños que su nana le contaba cada vez que se encaprichaba en algo sin pensar.
Cuando Shauden aunó a los mas fuertes y, entre todos, comenzaron a empujar, así fue que se comenzaron a escuchar sonidos de movimiento; siguieron hasta que se abrió de par en par y pudieron observar que el corto trayecto de pasillo delante de ellos estaba húmedo.
Siguieron el pasillo con cautela viendo que un gran espacio de roca se abría delante, también empapado de agua e iluminado con una extraña resolana grisácea, en el centro de ese salón una pequeña fuente coronada de una figura femenina, de rasgos dulces y bien construida, denotaba su antigüedad en los daños y musgos que le colgaban; aun caía agua del cuenco que tenia entre los brazos directamente al paletón mas abajo.
Un poderoso arco de piedra cerraba el salón al otro lado y detrás de el podían verse gruesas cadenas que lo atravesaban hacia arriba y abajo, pero algo llamo la atención de Heine que iba delante caminando sigilosamente, pasando la fuente y sacando agua de allí podían verse un grupo de enanos desnudos y demacrados siendo azuzados por guardias con látigos.
La imagen shockeo a los compañeros, mucho habían vivido pero toda su vida se habían preparado para combates, la sola imagen de esas gentes siendo torturadas sin razón los llenaba de pena y pavor.

De pronto otro guardia cruzo el final del pasillo y se percato de la presencia de los extraños que hasta allí habían llegado; con vos ronca grito el alerta y corrió en busca de ayuda; Heine lanzo sus flechas, solo rozando al enano lo suficiente para hacerlo chillar, con la satisfacción que le deba acertar al blanco, cualquier blanco, Heine se abalanzo salón adentro en busca de los crueles esclavistas, y a su paso el resto del grupo lo siguió.
Balarian se adelanto, sabiendo que su deber era el de proteger a los inocentes y los victimizadas, no dudo un instante y se dirigió a los guardias mientras que los demás trataban de alcanzar al guardia enano que aun gritaba y lanzaban saetas sobre los guardias con látigos.
Borok continuaba detrás y Balarian se preguntaba acaso si algo le sucedía a su par de armas que no lo asistía mientras lo observaba por el rabillo del ojo, en su camino hacia los torturadores, como se dedicada a lanzar flechas sin resultado.
El guardia que había huido alertado por la presencia de la compañía desapareció ante los incrédulos ojos de sus perseguidores y fue así que, por un momento el desconcierto a un ataque sorpresa inundo las cabezas de todos; puertas se abrían y cerraban y, en el tumulto, Dhuck comenzó a recitar a todo pulmón un poema de antaño que recordaba hazañas de grandes hombres, nombres queridos y recordados por siempre en toda la región de Hilltop, nombres que llenaban los corazones de los guerreros de gloria y valor, todas las dudas se desvanecieron y su único objetivo se convirtió en el de derramar toda la sangre de sus enemigos.
Saltando sobre la fuente Aiwendil Sulimo y Szaren se ubicaron en un digno puesto de observación a la espera de ser necesarios, junto a ellos Rufilos tensaba su arco frenéticamente sin hacer blanco en ninguno de los enanos.
Balarian blandía la espada con destreza y Shauden, mientras colocaba una poderosa bola de fuego sobre uno de los enanos estocaba al otro con su cimitarra, grandes proezas de los dos combatientes se vieron junto a la fuente.
Uno de los guardias enanos logro huir en el frenesí de la batalla lanzándose a correr, por lo que ahora Heine Kenenen podía ver mejor, era una rampa de roca en espiral que bajaba desde el magnifico arco hacia una base varios metros debajo de ellos, y esas cadenas eran parte de un intrincado sistema de elevadores que transitaban por todos los niveles; persiguió a la cobarde rata gris pero al asomarse imprudentemente por sobre la explanada vio que dos casillas apuntaban hacia el unas ballestas de importante calibre, suerte fue la que acompaño al elfo toda la jornada ya que ninguno de esos dardos pudo darle.
Detrás de Heine un gran charco de agua se esparcía cuando Borok, en su violenta buena voluntad arrojaba al espacio olas de agua en todas direcciones para detectar al maldito enano invisible, por momentos lo encontraba en un sitio y luego en otro, dardos y lanzas que se arrojaban sobre el no lo alcanzaban ya que era mas rápido que ellos.

De pronto, Heine Kenenen lanzo un grito de horror al ver dos gigantescas arañas que subían reptando por las paredes y, a lomos de ellas, dos enanos grises cargados con ballestas brillantes.
Con los dos guardias ya muertos y, ante la alerta provocada por Heine, Shauden se concentro y convoco desde el fondo de su alma a un ser elemental de fuego para que combata a una de las arañas y les de un tiempo de preparación a los demás para hacerles frente en conjunto.
Szaren se escupió en las manos y, de ellas saco una flecha de color verde que monto sobre su ballesta; rauda y brillante salio disparada hacia esa primer amenaza causándole poco daño, nada que detuviera las ansias de carne que ambas arañas tenían, y tanto Borok como Heine dispararon sobre la otra araña sin hacerle casi mella.
Shauden, mientras cargaba su arco, llamo a otro compañero, un enorme murciélago oscuro como la noche, al que se le sumo un enorme ciempiés convocado por Dhuck para ayudar, junto al elemental, a combatir a esa gigantesca araña.
Los jinetes de araña enanos comenzaron a tomar la iniciativa lanzando dardos a uno y otro compañero con total certeza, Szaren, Rufilos e inclusive el pobre Balrog eran blanco de sus saetas brillantes.
Fue pues que, luego de muchos disparos Heine dio certeramente en el cuerpo del jinete de la araña que se encontraba mas lejana a ellos, frío el cuerpo cayo al vacío y la araña, ya sin conducción salio corriendo temerosa hacia el fondo de la rampa.
Las bestias convocadas se desvanecían una a una, sea porque su tiempo en este plano se acababa o por el daño sufrido por el contraataque de la araña restante y su jinete. Este último parecía más resistente, flechas y saetas se clavaban en su cuerpo y lomo para luego soltarse y caerse a sus costados, la lucha se había estancado y fue allí cuando Balarian se acerco para combatirla en cuerpo a cuerpo.
El terror que, hasta hacia unos momentos golpeaba justo a la altura de sus cabezas se torno en una breve retirada, solo para colocarse a suficiente altura para que nada ni nadie les alcance y así continuar con su festival de tiros lejos del brillante Paladín.

En el salón de la fuente Selene, habiendo perdido de vista al enano invisible se acerco hacia las puertas que se encontraban en ese lado de la pared; maza en mano ingreso suavemente. allí encontró varias tiendas de campaña que conservaban dentro raras raciones de comida y odres de agua.
A sus espaldas un ruido de metales y mecanismos la sorprendió y logro ver como una palanca se movía, ruidos de cadenas y fue entonces que, con un sordo ruido la palanca se quebró y salio, a los ojos de la clérigo, volando a través del salón.
Shauden escucho la liberación de los mecanismos de algo y al girar sobre su posición vio como un portón de rejas se bajaba sobre el camino que, minutos antes habían cruzado; corrió entonces hacia la salida con la intención de detener la posible trampa pero, al saltar sobre la fuente, el musgo resbaladizo que muchas veces fue su fuente de alimento lo traiciono, cayo a plomo en el agua golpeándose y empapándose, así miro frustrado como la reja se cerraba al tiempo que Aiwendil intentaba hacer lo mismo sin éxito.
Al grito de alto, Aiwendil y Shauden se percataron de la posición de Selene quien, afanosamente intentaba tomar al portador de la palanca rota sin poder verlo.
Selene entonces recibió duramente un golpe con la palanca del mecanismo y vio, con toda sorpresa, que aquel enano era el mismo que dio la voz de alerta, rápidamente tomo el otro extremo de la palanca y comenzaron a forcejear. Cuando Aiwendil Sulimo llego al lado de Selene vio como, aun en un estando débil y encerrado aquel enano era toda una amenaza, lanzo un rayo eléctrico que impacto de lleno en su armadura y luego, con una estocada feroz de su lanza atravesó el cráneo del guardia, al tiempo que Shauden llegaba a colaborar.
Entre los tres observaron la palanca, totalmente quebrada y doblada estaba, pero entonces recordó Shauden que, alguna vez, su maestro le había enseñado un pequeño truco, un hechizo de reparación que le permitiría, llegada la ocasión, solucionar algún inconveniente; Selene acerco la palanca a su base, monto un trozo sobre otro y el Druida encerró la zona con sus propias manos, una intensa luz verde brillante salio de entre sus manos y, al cabo de segundos, la palanca se volvió funcional nuevamente como si nunca hubiera sido violentada; entre los tres volvieron a activar el mecanismo elevando la reja que les permitiría salir de allí ante cualquier amenaza.

Entretanto Balarian se había escudado y avanzaba por la rampa hacia la casilla desde donde dos enanos lanzaban virotes hacia Borok y el; el ciempiés ocupaba a la araña para que no los ataque a traición mientras Rufilos y Heine le lanzaban andanada tras andanada de flechas.
Detrás de Rufilos y Balrog se hallaba Dhuck que, con sus artes mágicas se volvió invisible al ver la amenaza a la que estaban expuestos los dos guerreros que bajaban hacia la casilla, varita de curación en mano por cualquier emergencia.
Aun temerosa de lo que sucedía y con la sola idea de escapar de aquel complejo de túneles, Sylvanas se adelanto y se incorporo a Rufilos y Heine que recibían la respuesta de la ballesta automática del jinete de araña, su furia se concentro y de sus manos salio un rayo de un rojo vivo directamente a la araña haciéndolos chillar de dolor y dejándolos con la guardia baja al tiempo que Szaren lanzo otra bola de fuego que termino con la vida del jinete, la araña, sin guía y aterrorizada por el fuego escalo hasta lo mas alto del techo abovedado mirando con desconfianza y bronca pero, ya no siendo una amenaza, Balarian y Borok comenzaron a patear la puerta de la casilla, esta exploto en pedazos debajo de las botas del bárbaro dejando al descubierto dos enanos que ya se hallaban de rodillas suplicando piedad, suplicas que no fueron escuchadas por los guerreros que, al tiempo que bajaban sus armas, el aire mismo se hacia a un lado.
Los cuerpos cayeron y, cuando inconcientemente Sylvanas se asomo a la rampa y se dejo ver, ningún proyectil le salio al encuentro. Otra casilla idéntica a la primera se encontraba mas abajo, pero parecía que nada había allí ya, Balarian se percato del suceso y continuo descendiendo en busca del cobarde que había huido.
Desde la explanada Rufilos se detuvo a escuchar y haciendo señas a los demás, los llamo a parlamentar, Balarian hizo caso omiso a sus ademanes y continuo en la búsqueda del torturador, detrás de el y en total invisibilidad, continuaba Dhuck.
Borok estaba revisando los restos de los enanos en la casilla cuando Heine traspaso los restos de la puerta, reviso los puntos de visión y comprobó que, con su habilidad con el arco, podría ser más útil allí que en otro lugar, monto su puesto y se preparo.

Cuando Selene y Shauden comprobaron el estado de salud de las victimas se dieron cuenta que no eran solo algunos, mas esclavos se hallaban en un salón idéntico al que encontraron con el mecanismo de palanca, del otro lado de la fuente; un salón lleno de escombros y cadáveres. Los sacaron de allí y repartieron las raciones y el agua que habían hallado en las tiendas. En un breve interrogatorio fue Selene quien descubrió lo que, tal vez, sucedía dentro de la montaña; ninguno de los esclavos conocía el numero o disposición de las trampas, pero sabían que había muchas y crueles, también sabían que todo ese ejercito de enanos grises estaba comandado por un mago muy poderoso del cual desconocían su raza ya que nunca lo habían visto, pero sabían que podía dominar las mentes y los corazones de los enanos grises, lo cual ya es decir mucho.
En un intento de hacerse con un nuevo artefacto de guerra Borok comenzó a jugar con la soga para alcanzar la mano del jinete de araña que aun colgaba de la montura y, en su mano, una ballesta de fina confección y unos virotes de un azul blanco brillante. Varios minutos pasaron hasta que logro engancharlo y tirar de el arrancándole el brazo junto con la ballesta que cargo con una sonrisa en la cara.
Muchos minutos se perdieron en ello mientras Rufilos continuaba tratando de llamar la atención de la compañía sin que nadie se percatara de su intención o le dieran importancia.

Balarian había llegado al pie de la rampa, al nivel del piso, el silencio era tangible y no se veía movimiento alguno, giro la cabeza y sintió, desde la oscuridad del túnel que se habría a un lado, un enano gris apareció frente a el, vestido con una tunica roja y con sus brazos extendidos hacia arriba, vio como grandes bolas de fuego salieron disparados hacia la explanada donde se encontraban Shauden, Szaren, Rufilos, su perro Balrog y Borok circunstancialmente.
Todos se encontraron, de pronto, envueltos en una nube de fuego que los dejo tostados y adoloridos, cuando el brillo se disperso y el humo se aclaro, se escucho un rugido de dolor, era Rufilos que vio como su compañero Balrog había sido consumido por el fuego, el veterano explorador cayo de rodillas y su congoja afecto a todos los presentes.
Abajo en el piso, Balarian vio como, ese enano que, segundos antes tenia unos ojos de color rojo brillante, cargados de odio y malignidad, lo miraba directamente a los ojos ahora con profundos y calmados ojos negros, su sonrisa se desvaneció en el aire, al tiempo que toda su figura desaparecía de la vista del Paladín.
Mientras los malheridos compañeros se recomponían con pociones y hechizos curativos, oían la desesperación en el llanto de Rufilos sin saber como contener su dolor.
A la izquierda de Balarian se abría un nuevo arco que daba a otro salón redondo del cual salía un olor y un color fétido idéntico al nido de arañas que había pasado en el primer nivel, miro con desconfianza y, tras ser testigo de semejante escena de poder y encontrándose, aparentemente, solo y separado de sus compañeros, se decidió a retornar sus pasos para saber como se encontraban sus compañeros.
Sylvanas, que observaba, con desconcierto, aquel momento de terror quiso evitar que el enemigo se escapara y lanzo desde sus dedos una red de telarañas hacia el túnel que se abría en la base, y donde había visto aparecer al enano vestido de rojo; tapándolo todo e imposibilitando que nada o nadie pasase sin ser advertido o detenido.
Esta era una amenaza como, hasta ahora, no habían visto en el lugar; se dispusieron entonces a tomar represalias sobre quien fuera que los estaba atacando y comenzaron a tomar posiciones defensivas. Mientras Borok salio disparado, en compañía de Aiwendil y Sylvanas, rampa abajo para hacer frente a la amenaza, Heine y Grimik el enano, prepararon sus dardos, bien protegidos desde la casilla de vigía del primer nivel, apuntando hacia todos los sectores.
Shauden tomo algunos elementos de su morral y preparo una trampa de agua jabonosa que puso resbaladiza toda la rampa por debajo de la explanada a tal punto que Sylvanas casi cae en ella, solo salvándose por segundos de caer al vacío, Aiwendil Sulimo utilizo sus botas trepadoras para llegar hasta el nivel inferior sin pasar por la peligrosa zona y, ante el asco que tanto el jabón como el agua le causaban a Borok, termino colgándose del piso de la rampa y balanceándose hasta caer seguro en el nivel inferior, casi justo encima del hechicero.
Juntos continuaron y se encontraron a medio camino con Balarian, junto a quien comenzaron nuevamente, el camino de descenso hacia el piso, la telaraña gris y el oscuro túnel.
Shauden, queriendo sumarse rápidamente al grupo de combate bajo corriendo y, al encontrarse el también con su propia trampa, tomo su saco de dormir e intento utilizarlo a modo de deslizador. Tanta fue la mala suerte del druida que, el saco tomo otro rumbo y cayó desde más de ocho metros de altura, sin sostén ni acolchado, al duro piso de la caverna, sufriendo gravísimos daños que lo dejaron atontado algunos momentos.
Heine, sabiendo que Grimik tenia controlado la primera casilla, en un típico movimiento militar continuo bajando despacio y relajadamente, apuntando en todas las direcciones con su arco hasta llegar a la segunda casilla de vigilancia, sorteando exitosamente la rampa empapada.
Selene, Szaren y Rufilos continuaban arriba, detenidos sin saber como accionar, aun inmersos en la sorpresa y la conmoción que había aterrorizado a aventureros y esclavos por igual.
Dhuck acompañaba a Borok y Balarian mientras estos oteaban las profundidades del túnel que, al contrario del resto de la caverna que se encontraba iluminada por algunas antorchas y algún tipo de iluminación mágica, era de absoluta negrura; ningún ojo, ni aun los acostumbrados a las montañas, cuevas y cavernas, podía ver allí dentro; fue así que, desde las manos del bardo salio una pequeña lámpara que traspaso las telas de araña y se interno en el túnel dándoles a los guerreros una idea mas clara, pero así y todo nada extraño o peligroso se pudo ver.
El aire olía raro y la temperatura empezaba a elevarse, comenzaron pues a apartarse de la boca del túnel hacia los costados, e inclusive hasta el otro lado del salón, donde se encontraban Borok, Aiwendil y Sylvanas; solo el valiente Balarian aun daba frente a lo inesperado.
En las cercanías al mecanismo donde se encontraban Borok y Aiwendil se oyeron ruido de metales y pasos, El hechicero rápidamente arrojo su bomba incendiaria sobre el elevador de cadena, sin hacer daño a nadie, pero comenzando a destruir el único medio de transporte que podría bajar al resto del grupo con relativa seguridad, pero ese no era el fin de Sulimo, sino hacer que ese ruido de pies pesados y metal bruñido se viera tal como era, algún enano gris en su forma invisible.
El bárbaro hizo lo propio pero su fuerza y torpeza hicieron que su bomba saliera disparada hacia arriba y contra la cadena del elevador, el líquido viscoso y llameante se esparció por los aires y alcanzo en ese momento a, no una, sino dos formas.
Aparecieron ante ellos y casi un nivel mas arriba dos enanos grises, enfundados en sus armaduras y portadores de sangrientas hachas, furiosos por haber sido descubiertos en su fuga, en ese momento todas las miradas se posaron en ellos, no había donde escapar y todos saben que, no hay animal mas peligroso que aquel que no encuentra un escape, ya que defenderá su vida a cualquier costo, o la cobrara en un alto precio.

Comments

Dhuck

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